la diagramación inspirada en la naturaleza
Al principio de octubre de 2024, me mudé a la Ciudad de México. Esta transición vino con mucho y nada a la vez, – por un lado, me sentí feliz y orgullosa de poder concederme la experiencia de viajar y experimentar cosas perdidas tras los años de suspensión impuestos por la pandemia. Por otro lado, sentí el peso de mudarme a una ciudad tán impactada por la gentrificación y de migrar con la descarada asimetrías de migración entre los EEUU y México. En medio de este enredo de emociones, aterricé un día lluvioso, llegando a un departamento precioso de una amiga quien me ofreció un cuarto, una introducción a la ciudad, y acompañamiento en mis primeras experiencias aquí. Durante esos primeros meses, pasé el tiempo aprendiendo nuevos ritmos, nuevas palabras, orientandome en el proceso de cómo construir comunidad desde casi nada, y a interrogar mi lugar como persona, como artista, y como organizadora comunitaria en búsqueda de otras formas de habitar y manifestar fuera del marco narrativo en el que crecí.
Pasé el primer rato con una mezcla desconcertante de sentimientos, entre los cuales destacó una ansiedad de soltar el control que me había dado mi lenguaje primaria, confiando en que podría mostrar mi esencia e intereses a través de un otro idioma y otras maneras de ser. Lo que me ayudó a sentirme aterrizada fue una entrada al mundo de la cosecha gráfica en la CDMX desde un principio, a través de una serie de talleres impartidos y organizados por cuatro amigas muy queridas. Desarrollado desde una serie de talleres en 2022 llamada “Cosmovisuales,” nosotras empezamos un “club de herramientas intangibles” pensando en cuáles herramientas tenemos para trabajar el territorio de lo colectivo.
el pensamiento ecológico
En el taller que facilité, exploramos la diagramación inspirada en la naturaleza. Mi enfoque artístico se basa mucho en los ecosistemas como muestra de la complejidad, la interdependencia y la belleza. Cuando investigamos este tejido desde la cosecha gráfica, somos capaces de ocupar las metáforas ecosistémicas para ilustrar nuestro mundo social.
El pensamiento ecológico también nos da varias escapatorias de las estructuras capitalistas y coloniales. Es una manera de destacar otros conocimientos que vienen desde el cuerpo y la tierra, no solo del cerebro. Asimismo, demuestra la información en una manera no lineal, integrando ciclos y ritmos más sustentables para asimilar el contenido. Además, deja espacio para una multitud de perspectivas, un pluriverso. En vez de aplanar una conversación en una sola narrativa, la cosecha gráfica nos permite dejar puntos en contención y mostrar la pluralidad de nuestra convivencia. Como dicen los Zapatistas “el mundo que queremos es uno en el que quepan muchos mundos.”
patrones y fractales
Empezamos con una actividad que aprendí en un taller de Kate/Cielo sobre fractales y patrones. La primera pregunta fue: ¿cuáles patrones vemos en la naturaleza? Luego, ¿donde aparecen estos patrones en nuestros cuerpos? ¿Dónde los encontramos en nuestra cultura y organizaciones, también conocido como el cuerpo social? Desde esta exploración, vimos como estamos entrelazados con la naturaleza.
Por ejemplo, miremos el espiral. Curva y curva y curva hasta el centro haciendo una forma compacta de una línea larga. O, empezando en el centro, se expande, regresando a los mismos puntos pero ampliando cada vez la ruta. En nuestros cuerpos, aparece en el cabello rizado que salta de un lado a otro, en las huellas digitales que dejan impresiones únicas en nuestra piel. En la cultura, hay varios ejemplos de espirales, desde el dabke, el baile folclórico de Palestina, hasta teorías de cambio sistémico que siguen espirales virtuosos o viciosos.
Regresando a las enseñanzas de los Zapatistas, el caracol que usan para su estructura organizacional es otro ejemplo de los patrones en la cultura. En un artículo de Sandra Suaste Ávila para Regeneración Radio, se describen los caracoles como “puertas para entrarse a las comunidades y para que las comunidades salgan; como ventanas para vernos dentro y para que veamos fuera; como bocinas para sacar lejos nuestra palabra y para escuchar la del que lejos está. Pero, sobre todo, para recordarnos que debemos velar y estar pendientes de la cabalidad de los mundos que pueblan el mundo.” En este ejemplo, vemos la flexibilidad y fuerza que ofrece el espiral, tanto para proteger y cuidar como para ampliar y compartir.
biblioteca visual y ecosistemas
Después de nuestra exploración de patrones, entramos en el mundo de los ecosistemas, vinculando las formas separadas con la interconexión de la tierra viva. Tomamos unos minutos para salir del papel y entrar en nuestros cuerpos, acuerpando los elementos de un ecosistema. En el piso, tuvimos unos hongos, con brazos y piernas extendidas para representar el micelio que los conectó. Un árbol, el sol, y una nube ocupaban la parte de arriba, cambiando, creciendo, y nutriendo las plantas en el suelo. Así pudimos acuerpar las entrelazadas y sentir cómo las metáforas y la naturaleza también somos nosotras, el flujo de la sangre, las corrientes de los ríos, el humo de nuestra respiración, el viento tras las hojas.
Regresando al dibujo, hicimos una reflexión en torno a nuestro alrededor y los espacios que ocupamos. Esta es una serie de preguntas que me ayudan a prepararme antes de una sesión de cosecha gráfica. Informan mis investigaciones previas al evento, mis preguntas a lxs facilitadorxs y participantes, y las actividades que realizo alrededor de la cosecha:
¿Qué territorio ocupas? ¿Cuáles son las plantas, los animales nativos, el clima, la geografía, etc. de la tierra en la que estás?
¿Cuáles son las tradiciones, historias, prácticas culturales, comida, canciones, idiomas, etc., relevantes?
¿Cuáles son los procesos de transformación y cambio en este territorio?
Para la cosechadora gráfica: ¿cómo puedes dar gracias a la tierra? ¿Cómo puedes infundir más ceremonia e intencionalidad con respeto al ambiente? ¿Con respeto a tu lugar en el espacio, en el grupo, en el tema? Qué puedes ofrecer y que son las áreas en las que puedes aprender?
Para participantes que son de la tierra en la que estás: ¿Qué puedes incluir que les recuerde su pertenencia?
Para participantes que no son de la tierra en que la estás: ¿Cómo puedes invitarlos a investigar su lugar como visitante?
Con esto en mente, hicimos una biblioteca visual de elementos que podemos ocupar para la cosecha gráfica. Aunque no sabíamos de qué iba a tratar la charla, esta actividad nos preparaba a pensar desde metáforas ecológicas y culturales. Por ejemplo, al pensar en las historias que dan nombre al terreno volcánico que rodea la Ciudad de México, recordamos la leyenda de Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Dos amantes del pueblo Tlaxcalteca durante el tiempo del imperio Azteca, la leyenda cuenta la tragedia del amor, la decepción, la guerra, y la pérdida. Al final del cuento, Popocatépetl lleva a Iztaccíhuatl a la cima de una montaña, arrodillado frente a ella con una antorcha. Por eso, vemos los volcanes lado a lado, con el humo de la antorcha saliendo de la cima.
Más allá de la leyenda, los elementos ecológicos de los volcanes también nos ofrecen varios conceptos que podemos utilizar. El magma como creación de tierra; la ceniza como amenaza para la calidad del aire; pero también como forma efímera en constante cambio; la fuerza de la explosión y la lentitud de la lava que rezuma. De este modo, cuando escuchamos algo en la conversación que se alinea con estas premisas, ya estamos armadas con nuestras metáforas.
José Maria Velasco
Lo que también me encanta de esta técnica es la multitud de interpretaciones que posibilita. Cuando creamos una cosecha gráfica mediante los ecosistemas, soltamos el control sobre cómo se interpreta cada elemento. Sí, podemos explicar por qué elegimos las cosas que elegimos, pero la magia surge cuando dejamos la interpretación al espectador/a quien lo ve desde sus experiencias, su cultura y sus emociones del momento. Este proceso de metabolizar aquello que resuena en una cosecha gráfica permite que el contenido no solo entre por tu cerebro, sino también por tu cuerpo y tu corazón. Tal vez un color te recuerde las paredes de tu cuarto cuando eras niña; o, aunque alguien haya dibujado un ave para conectar con la idea de la migración, tú lo leas como la universalidad de la música, pensando en el sonido de sus cantos que te despierta.
permacultura, arraigo
Ya tardé bastante en escribir este blog, pero tengo muchas ganas de tejerlo con las otras cosas que investigué para preparar el taller y con mi incursión en el mundo de la permacultura y el urbanismo. Les dejo un par de conceptos que me gustaría desarrollar en los siguientes meses, ya sea a través de escritura, talleres, conversaciones, danza u otros medios.
Como humanos, esperamos ritmos – el cambio de las estaciones, la subida y bajada del sol, las mareas del mar. Estos ritmos transforman nuestro ambiente, pero van de la mano con los ritmos dentro de nuestro cuerpo. Las hojas que caen de un árbol o el sol que sale cada vez más tarde provienen de transiciones lentas, y nuestro sistema nervioso se va adaptando a ellas.
En las ciudades, estos cambios en el ambiente no provienen de impulsos naturales, sino del capital, las corporaciones, el gobierno y, a veces, de esfuerzos comunitarios. El desalojo de un edificio o la creación de una autopista interrumpen comunidades vivas, cortan el flujo de traslados, deshacen el tejido social. ¿Cómo podemos pensar en la ciudad como un sistema vivo y proponer modelos de cuidado que protegen a los habitantes? ¿Qué sería una infraestructura que cultive lo comunal? ¿Cuál sería una velocidad de cambio que se alinee con nuestro sistema nervioso?
Desde la cosecha gráfica, tenemos la oportunidad de intervenir en esta falta de cuidado a través de las enseñanzas ecológicas. Podemos introducir ritmos más sustentables, sugerir temas que requieran mayor lentitud, dibujar tensiones que se resuelvan con más espacio para crecer o con una poda de ramas y reducción de complejidad.
Estoy soñando con viviendas que sientan como hogares, con una pertenencia arraigada en la tierra, regada por los cuidados de la comunidad. Estoy soñando con ciudades maleables, que se estiran y se acomodan a cambios mientras protegen lo integral. Estoy soñando con conversaciones que espejan la naturaleza, su belleza, su lentitud, y su capacidad de reorganizarse después de una ruptura. Sueño con la interdependencia, con la vulnerabilidad que nos fortaleza.